HOMBRE PERRO
Hombre perro Mi perro me inquieta, me mira tumbado en la cama mientras hago locuras en mi escritorio. No me mira. Me juzga, lo noto. Veo en sus ojos un alma humana, un pseudohombre juzgándome y eso me perturba y me excita. Luego se tumba con los ojos entrecerrados y hace ver que no entiende, que no sabe nada, pero me conoce y me juzga. Seguro. Lo noto. Qué friki. Siento un peso histórico, un alma atormentada del pasado que en esta vida ha renacido como vigilante, como guardián, como sombra. Una sombra alargada con el peso de los años, de los siglos, me vigila. No es solo un perro, ojalá fuera solo un perro, pero no lo es, lo sé. Lo supe cuando lo adopté de pequeñito allí tirado junto a la basura aquella noche lluviosa, indefenso, empapado, con aquella brizna de voz, medio humana medio alarido, el lamento del desahuciado, del diferente, del sobrante, del otro. Me miró con aquellos ojos vivos, brillantes, cautivadores. Los ojos de un vidente, de un juez, que ven ...