BETTY Y KALA
Betty era una señora rolliza; se sofocaba al subir las escaleras. Cuando llegaba delante de su puerta en el tercer piso ya había hecho parada en cada rellano para descansar. Kala ladraba al oír a su dueña subir los escalones. Ladraba y ladraba anunciando su llegada: Guau, guau, guau guau, guau.
Y Betty respondía a su vez shhhhhhhh shhhhhhhhhhhh shhhhhhhhhh Kala shhhhhhhhhh. Era un dueto cómico de primera. Hacían el pase a las nueve, a las dos y a las siete de la tarde o quizá un poco más tarde cuando alargaba el día. Los vecinos estábamos distraídos, pero todo el mundo las adoraba.
Betty era una buena vecina: respetuosa, empática, sabía escuchar y siempre estaba para lo que necesitases. Kala era una buena perra: pequeña, juguetona y adorable.
Betty limpiaba casas de gente y alguna oficina y alguna escalera, pero no la nuestra. Se lo dije. Hacía bien porque la gente es muy pesada. Cuando trabajas donde vives, la gente se piensa que estás allí para ellos siempre: veinticuatro horas a su servicio, ya que ellos te pagan y total ya estás ahí. Como dice el dicho, que quizá va por otra cosa, pero lo creí adecuado y se lo conté: “Donde metas la olla no metas la p….” (¿Se puede decir polla?). Bueno, pues eso. De hecho, la última parte se la conté con gestos, me dio apuro decir polla (otra vez) delante de ella, me pareció soez, tal y como me pasa contigo. No puedo decir algo más fino, tipo pene, miembro, cosa, morcilla… porque el dicho no es así.
A lo que iba. Betty es muy limpia y muy estricta con las cosas de la pulcritud. Me contó que la semana pasada se encontró en el parque donde pasea a Kala (ella es de las que llevan bolsas para recoger los excrementos de su perra y una botellita de agua para limpiar su orín; siempre va equipada, doy fe). Pues en el parque delante de nuestro edificio, la semana pasada se encontró con un señor extranjero que orinaba en un árbol, mientras miraba por encima de sus hombros que nadie le viese. Betty le vio, en realidad fue Kala, y le bordó: guau, guau, guau (siempre hace tres ladridos seguidos cuando está indignada). En su perruno idioma le regañó: muy mal señor, es usted un cerdo. Mientras Kala bordaba, Betty al darse cuenta de lo ocurrido le reprochó: Es usted un guarro. Aquí, meando los árboles como los perros. Vaya usted a un bar que para eso están. Guarro.
Y, ambas, le dieron la espalda, muy molestas, mientras él se subía la bragueta, y siguieron su camino.
Me lo contó muy apurada, parecía que sufría una dicotomía en su foro interno: se sentía orgullosa de su acción cívica, pero, al mismo tiempo, le daba vergüenza contar algo tan… ¿qué?: ¿íntimo?, ¿avergonzante?, ¿crudo?, ¿feo?, ¿incómodo?. Soez, otra vez. De hecho, hablamos de ello dos veces antes de verla en las noticias. El desafortunado y tenso encuentro en el árbol del parque se repitió dos veces más antes de que se cruzara con el individuo el preciso día que Betty volvía de la ferretería de afilar sus tijeras de cocina, las grandes, la de cortar carne y sí, ese día cortaron morcilla u otro sinónimo, ya me entiendes.
No la culpo, razón no le falta. Es indignante, un guarro indignante e incívico. Kala llora cada vez que ve a su ama en las noticias; no entiende por qué la vecina le hace de niñera en lugar de estar en casa con su mamá. Pobre, no la culpo. Ni a una ni a otra, culpo. En la escalera hay discrepancias sobre el método expeditivo usado por Betty, sobre todo entre los amantes del buen arte de la dialéctica. Yo no. Es más, estoy muy a favor de cortar por lo sano. A ver si los guarros mean en su casa o en el bar o en algún excusado o lugar específicamente indicado para ello. Con gente así, la sociedad se animaliza. Hay gente que sale de su entorno, como es el caso, un extranjero que encuentra en el país de vacaciones la libertad que en su casa no encuentra o no goza tomar. Muy educadito en su país, pero sale y es peor que Atila y los Hunos borrachos. Salvajismo en vacaciones no es libertad y la libertad no es libertinaje. Hay gente que no lo entiende o que simplemente le da igual. Paso la frontera y vía libre; la ley de la selva. Muy mal.
Tú, ¿Qué opinas? Kala coincide conmigo o yo con ella: guau, guau, guau.
@Carme Folch, 2026
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