VERANO A BABOR (microcuento)
El verano pasado prometía ser denso y aburrido como todos los demás, la costa se llenó de familias, de turistas, de coches, de sin sentidos, de outsiders... la locura de siempre, un agobio. Los cruceros llegaban puntuales cada jueves al puerto donde descargaban turistas por la mañana y a media tarde sonaban sus sirenas para despedirse hasta la siguiente semana. Una vez y otra, yo los veía desde la bahía imaginando cómo sería la vida a bordo, unas vacaciones en el mar lejos del manicomio de tierra. Una de las semanas me acerqué al puerto para ver la maniobra de llegada más de cerca. El barco atracó y desembarcaron los turistas con un gran jaleo general de gente arriba y abajo. En esto que mis piernas corrieron escaleras arriba y me colé entre el bullicio. Nadie se dio cuenta. Asustada por ver lo que había hecho me escondí. Pasó el tiempo, no sé cuanto, y las sirenas sonaron, el barco se movía, adiós tierra. Muerta de miedo, decidí no salir de mi escondite hasta la siguie...