FALSA RESEÑA LITERARIA

 FALSA RESEÑA LITERARIA


De la tumba a la cuna y gracias por el viaje


La tumba nos recibe en cualquier momento, pero aún no es el mío. Pido la palabra”.

Con esta firme sentencia, su autora Charlotte Allen (París, 1990) nos trae sus últimas voluntades, como relatos breves. Su póstuma recopilación titulada “De la tumba a la cuna” (De la tombe au berceau, Gallimard, 2026) muestra el teatro de la vida donde concurren la muerte y la enfermedad, como la leucemia que la ha apagado recientemente.


Allen se dio a conocer con su autobiografía en cómic, formato revolucionario y récord de ventas en Francia, “Mi Mundo y Yo” (Mon monde et moi, Septentron, 2006), donde ilustraba sus problemas como adolescente de barrio, cautivando a su generación. Después de dedicarse al arte visual, volvería a la literatura con otro éxito, el ensayo literario “La vida breve” (La courte vie, Éd. La Découverte, 2020), en una trama donde Allen, irónica, filosofaba con sus artistas pop fetiches sobre la existencia y su utilidad.

Respondía así al diagnóstico fatal que acababa de recibir. Páginas de duelo y de reconciliación que resuenan también en esta obra de la que Allen es plenamente consciente de que será la última, donde vacía sus tintas por completo con su inconfundible savoir-faire.


De la tumba a la cuna” son siete relatos (su número de la suerte) hilados por tema y personajes. Desde el primero, Charlotte Allen, sorprende y atrapa al lector con la protagonista, Ellejo, su alter ego literario (ella y yo, dos personas simultáneamente, lejos y cerca) que se resiste a morir porque tiene aún algo que decir; de hecho, se levanta de la tumba, literalmente, para tomar la palabra y así, durante el transcurso de los relatos, cada uno reflejo de una etapa vital en retroceso (como Benjamin Button, pero a lo alleniano, con ironía y mucho humor negro), Ellejo será capaz de decir lo que entonces no se atrevió a parejas, familiares, amigos, profesores e incluso a ella misma, mientras realiza el camino inverso de la vida, como su título indica, hacia la cuna. Encontramos la muerte omnipresente


en toda la trama (muertes esperadas, deseadas, por sorpresa, por venganza, por amor...) plasmada en situaciones ambivalentes (rocambolescas y absurdas, aunque cotidianas), en las que la protagonista nos abre su mundo: sus confidencias, sus lamentos y sus porqués a medida que va quedando en paz, etapa por etapa, hasta el final; la nada, su fusión con el universo.


La originalidad se destila en este libro: en la estructura como siete relatos capitulares, en la trama retroversiva y en la creación de personajes redondos, irónicos, incluso sarcásticos, pero, a la vez, profundos, humanos y delicados. Un equilibrio que la autora domina a la perfección. La narrativa es directa, comprensible, sin artificios ni florituras. El lenguaje es sencillo, pero muy cuidado y bello, adecuado a cada personaje y a la necesidad comunicativa de la autora-protagonista, quien deja patentes sus intenciones desde el inicio: «No quiero morir aún». Intuimos a una Allen bastante reconocible a pesar de estar difuminada tras Ellejo, la protagonista omnipresente, dibujada a pinceladas reales y ficticias, que vive sus peripecias con la intensidad vital y sed de conocimiento propias de Allen, presentes en sus rumiaciones e interacciones personales. Las temáticas ya conocidas —la vida, la muerte y la enfermedad— acompañan al lector, como una cadencia rítmica, a lo largo del libro.


En esta obra, Allen se despide con un para siempre, una obra redonda, en fondo y forma, marca de la casa, un universo literario alleniano muy definido y reconocible que tanto crítica como público adoramos. Gracias por el viaje.


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